La juventud ocupa un espacio estratégico en la diplomacia brasileña

Por Vitor Diego
Pedagogo, técnico en Agroecología y joven Multiplicador de Agroecología

Los días 26 y 27 de enero, el Ministerio de Relaciones Exteriores, a través de Itamaraty, celebró en el Palacio de Itamaraty el Foro de Jóvenes por la Transformación de los Sistemas Agroalimentarios en América Latina y el Caribe. El encuentro reunió a jóvenes líderes campesinos, indígenas, afrodescendientes, pescadoras, agricultores familiares, migrantes y representantes de más de 145 organizaciones y colectivos de la región, consolidándose como un hito político para la incidencia juvenil en los debates sobre soberanía y seguridad alimentaria.

Realizado en uno de los principales símbolos de la diplomacia brasileña, el Foro se estructuró como un espacio de diálogo, articulación e incidencia regional. El proceso que dio lugar al encuentro incluyó consultas y momentos de co-creación en las subregiones del Caribe, Mesoamérica y Sudamérica, fortaleciendo los mecanismos de vinculación entre jóvenes diversos.

El debate se alineó con el marco estratégico de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), especialmente con las cuatro mejoras propugnadas por la organización, Mejor Producción, Mejor Nutrición, Mejor Medio Ambiente y Mejor Vida, y formó parte del proceso preparatorio de la Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

Durante los dos días se debatieron temas centrales como:
– Acceso y regularización de la tierra para los jóvenes rurales;
– Crédito y financiación con menos burocracia;
– Educación alimentaria y fortalecimiento de los huertos escolares y comunitarios;
– Justicia climática y participación de los jóvenes en las decisiones sobre la transición energética;
– Lucha contra el desplazamiento forzoso de los jóvenes de las zonas rurales;
– Inclusión permanente de los jóvenes en los espacios de gobernanza.

Como resultado del proceso participativo, se presentó la Declaración Preliminar de la Juventud para la Transformación de los Sistemas Agroalimentarios en América Latina y el Caribe, un documento político que sistematiza las principales brechas y demandas identificadas.

La declaración destaca problemas estructurales que afectan directamente a los jóvenes de la región, como:
– Dificultad de acceso a la tierra y a la financiación, agravada por la concentración de la tierra y las desigualdades históricas;
– Falta de políticas públicas de educación alimentaria y de apoyo a los sistemas productivos locales;
– Desconexión entre las políticas climáticas y la realidad de los territorios;
– Ausencia de jóvenes -especialmente rurales, indígenas, afrodescendientes y LGBTIQ+- en los espacios de toma de decisiones.

El documento también presenta demandas prioritarias para el bienio 2026-2027, entre ellas:
– Creación de productos financieros específicos para jóvenes;
– Puesta en marcha de bancos de semillas autóctonas y huertos escolares;
– Sistema regional de acceso colectivo y seguro a la tierra;
– Políticas públicas integradas para garantizar una vida digna en el medio rural;
– Institucionalización de la participación juvenil en los mecanismos de gobernanza;
– Creación de un mecanismo juvenil regional de seguimiento de los acuerdos de la Conferencia Regional de la FAO.

En un tono firme, la declaración reafirma:
«Sin juventud no hay soberanía alimentaria».

Y subraya que la presencia de los jóvenes no es una concesión, sino una condición para construir sistemas agroalimentarios justos, resistentes y sostenibles.

Participación y protagonismo: la visión de los jóvenes sobre la seguridad alimentaria en América Latina y el Caribe

Hicela, una joven de la ciudad de Cortés en Honduras y miembro de la organización de jóvenes rurales del SICA, dijo que el Foro de Jóvenes sobre Seguridad Alimentaria, celebrado en Brasilia, representó un espacio histórico para que los jóvenes de América Latina y el Caribe se reunieran, dialogaran y construyeran colectivamente.

El Foro, celebrado como preparación de la Conferencia Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y organizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Brasil (Itamaraty), no fue un mero acto institucional, sino una oportunidad concreta para reforzar la participación activa de los jóvenes comprometidos con el desarrollo sostenible de sus territorios.

Jóvenes de distintos países -de zonas rurales, comunidades agrícolas, pesqueras e indígenas-, hombres y mujeres con realidades diferentes pero retos comunes, se reunieron para compartir experiencias, aprendizajes y preocupaciones. La diversidad cultural presente no fue un obstáculo, sino una fortaleza: amplió el diálogo y profundizó en la comprensión regional de la seguridad alimentaria.

Durante los debates se identificaron necesidades comunes:
– Acceso a la tierra;
– Apoyo a la producción local;
– Reconocimiento del trabajo de los jóvenes rurales;
– Protección de los recursos naturales;
– Garantía del derecho a una alimentación adecuada.

A pesar de sus diferentes contextos, las voces convergieron en la urgente necesidad de políticas públicas inclusivas, sostenibles y territorializadas.

Uno de los hitos del encuentro fue la construcción colectiva de la Declaración de los Jóvenes, un documento que unifica demandas, propuestas y soluciones. El proceso simbolizó la fuerza de la organización juvenil y reafirmó la importancia de la influencia política en los espacios de toma de decisiones. La declaración no sólo expresa demandas, sino también los sueños y compromisos de una generación que quiere transformar sus realidades.

El Foro también hizo hincapié en que la seguridad alimentaria va más allá de la producción de alimentos. Es un compromiso con la justicia social, la equidad, la sostenibilidad medioambiental y las oportunidades para las generaciones futuras. Los jóvenes reafirmaron su papel como actores estratégicos en la construcción de sistemas alimentarios resilientes y equitativos.

El evento consolida un avance significativo al reconocer formalmente a los jóvenes como sujetos políticos en la agenda regional de los sistemas agroalimentarios. Al institucionalizar el Foro como parte del proceso preparatorio de la Conferencia Regional de la FAO, se sentó un importante precedente: la participación de los jóvenes ya no es algo puntual, sino que ahora busca permanencia y estructura dentro de la gobernanza regional.

Más que una reunión, el Foro representó:
– Fortalecer las redes regionales de jóvenes;
– Ampliar la incidencia política organizada;
– Reconocer la agroecología como eje estructurador de los sistemas alimentarios;
– Construir una agenda común latinoamericana y caribeña.

La organización del Foro en Brasil proyecta a la región como protagonista en la construcción de sistemas alimentarios más justos y sostenibles, basados en la soberanía de los pueblos.

Como educador, técnico en agroecología y joven multiplicador de la agroecología, entiendo que este Foro marca un momento estratégico para la juventud rural latinoamericana.

En primer lugar, porque rompe con la lógica histórica de invisibilizar a los jóvenes en los procesos de toma de decisiones. No se trataba sólo de escuchar a los jóvenes, sino de construir con ellos una agenda concreta.

En segundo lugar, porque consolida la agroecología como vía estructurante para abordar los retos climáticos, sociales y económicos a los que se enfrentan nuestros territorios. Los jóvenes han demostrado que no sólo reivindican derechos, sino que presentan propuestas técnicas, viables y territorializadas.

En tercer lugar, porque refuerza la identidad colectiva de la juventud de América Latina y el Caribe. Al entablar un diálogo a escala regional, ampliamos nuestra capacidad de articulación y defensa, reconociendo que nuestros retos, como el acceso a la tierra, al crédito, a la asistencia técnica y a los mercados, son comunes y requieren respuestas integradas.

El Foro deja un mensaje claro: la juventud no es sólo el futuro, es el presente activo que produce, cuida, organiza y transforma. Somos una generación que está construyendo alternativas concretas para garantizar la soberanía alimentaria, la justicia social y la sostenibilidad de los pueblos de nuestra región.

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